Tuesday, April 22, 2008

La cintura democrática española

José Luis Rodríguez, el mismo que ha puesto España boca abajo sin necesidad, el que ha pactado con los fascistas catalanes que se disfrazan de nacionalistas y el mismo que ha embarcado al país en un “proceso de paz” con la banda terrorista ETA en el que los únicos que parecen saber cómo funcionan las cosas son los criminales, nos ha aportado recientemente su último gran descubrimiento político-filosófico: “La democracia es una cuestión de cintura”, acaba de explicar Zapatero al líder de la oposición, Mariano Rajoy, y, tras realizar esta aseveración, el presidente dio por terminada su intervención en el Parlamento pensando seguramente que, una vez más, nos había legado a todos los españoles una gran lección de lo que ha de ser la libertad.
Se equivoca el presidente cuando afirma que la democracia es algo flexible, dúctil y maleable que puede ser utilizado por todos y, sobre todo, que ha de emplearse para satisfacer a todos. Muy al contrario, gobernar con equidad y, especialmente, gobernar en regímenes democráticos, significa elegir, negar, tomar decisiones, imponer criterios y establecer estrategias que, además de ser conformes con la legalidad vigente, han de establecerse para que beneficien al máximo número de ciudadanos y para que protejan y refuercen la convivencia de todos en paz y en libertad.
La democracia no es una cuestión de cintura. A pesar de lo que diga esta falsa e inculta progresía de salón que nos gobierna, la democracia es una delicada herramienta de relación entre los seres humanos que, dada su fragilidad, ha de ser extremadamente firme a la hora protegerse de cualquier persona, empresa, organización, entidad o institución que desee socavarla para salvaguardar sus intereses particulares. Así, la democracia no puede tener cintura con los terroristas de diferente cuño que desean derruir nuestra forma de vida y dinamitar nuestras instituciones; la democracia no puede tener cintura con quienes solamente desean preservar sus prebendas locales haciendo temblar los intereses colectivos: la democracia tampoco puede tener cintura con cualquier ideología, doctrina o posicionamiento ético que, basándose en el fanatismo y en la cerrazón, apele a cercenar las libertades individuales, haga apología del racismo, desprecie a determinados colectivos de ciudadanos o llame a tener comportamiento intolerantes con los demás. Qué quieren que les diga. En mi opinión, se comienza considerando que la democracia ha de ser blanda, dócil y cimbreante, que la democracia ha de tener cintura, y se termina elaborando ridículas teorías sobre la “alianza de civilizaciones”, invitando a tomar café a terroristas o a sus portavoces de paisano o, simplemente, realizando cenas de Estado a las que solamente pueden asistir mujeres. ¿A que les suena a algo todo esto?

En el Blog del País Vasco analizamos la reciente decisión del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de iniciar el diálogo con la banda terrorista ETA a lo largo del próximo mes de junio. Bajo el título de “La banda terrorista ETA marca los ritmos y volverá a asesinar” explicamos en el blog hermano cómo “a lo largo de la historia ningún movimiento fascista ha terminado con una negociación que, previamente, no haya sido impulsada por una indiscutible victoria policial, jurídica e institucional. Y el movimiento nacionalfascista vasco no va a ser el primero”.

Más visiones sobre España

En la entrada anterior dejaba algunas reflexiones sobre lo que significa España para mí hoy, pero el debate sobre lo que supone la españolidad es intenso en múltiples ámbitos políticos, sociales y culturales. También, como no podía ser de otra manera, en los espacios económicos, como muy bien han podido comprobar los empresarios catalanes. De hecho, en Convergencia i Unió (CiU), que ya se ven de nuevo en el Gobierno catalán dentro de unos pocos meses, hay una preocupación importante porque algunos de sus líderes han podido comprobar de qué manera se está crispando el debate Cataluña versus España en diferentes lugares del país.
De cualquier modo, una visión interesante sobre el concepto de España se aportó hace unos días en un acto de la Plataforma Ciutadans de Catalunya en Madrid: “España es sobre todo una acción diversa (…) Una de las calamidades intelectuales de nuestro tiempo es cómo los nacionalismos se han apoderado del concepto de la diversidad. Porque, paradójicamente, la gran víctima de la hegemonía del nacionalismo, es la diversidad. La garantía de la diversidad catalana, vasca, andaluza, gallega, valenciana, es España (…).España es una vigilancia democrática, una garantía de ventilación e higiene y ante el prodigioso y wagneriano espectáculo de la degeneración de la cultura política catalana y vasca, la influencia creciente de España, de los ciudadanos españoles, es la más sólida y favorable posibilidad de regeneración.”
Por otro lado, un reciente reportaje publicado en “El País” (14-V-2006) sostiene que el desapego por el concepto España crece entre las nuevas generaciones. La autora del texto, la periodista Lola Galán, explica cómo “una norma política subliminal impide en muchos foros hablar con naturalidad de España, un término sustituido por el menos molesto de Estado español, y esa norma está prendiendo en los jóvenes. Los datos de la última encuesta de la Fundación Santamaría (FS) sobre la juventud española -elaborada sobre una muestra de 4.000 entrevistados-, publicada el mes pasado, apuntan a una pérdida inexorable del sentido de pertenencia a España en los jóvenes de 18 a 25 años. Entre 1981 y 2005, este sentimiento descendió siete puntos a medida que aumentaba el apego a la propia localidad y a la propia comunidad autónoma. No sólo en territorios desfigurados por el terrorismo, como el País Vasco, sino en lugares tan aparentemente inocuos como Canarias, Asturias o Galicia, donde un 62%, un 52% y un 41%, respectivamente, de los encuestados decían sentirse por encima de todo canarios, asturianos o gallegos”.
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Y digo España

Las múltiples tensiones nacionalistas que han surgido en España alentadas por el falso progresismo del Partido Socialista en el Gobierno y bien alimentadas desde los ámbitos vasco y catalán más patrioteros están dando luz a una situación socio-política raroextraña en la que hablar de España como nación comienza a ser algo absolutamente anacrónico. A tenor del predominante pensamiento único buenista, pronunciar el nombre de España en alto no tiene ningún sentido y solamente sirve para crispar el ambiente.
Qué quieren que les diga. Quienes llevamos viviendo en Euskadi más años de los que podemos recordar somos muy conscientes de cuáles son las instituciones que garantizan nuestra libertad, de cuál es la administración que ha de garantizar nuestro derecho a disentir, de dónde se encuentran las ciudades en las que podemos expresarnos sin temor y de qué lugar ocupa en nuestra vida diaria el sentimiento nacional. Para los muchos vascos y catalanes, y dentro de poco valencianos, mallorquines y andaluces, que somos víctimas de la opresión nacionalista, España es, principalmente y aunque a muchos les pese, el lugar donde podemos liberarnos de la antropofagia política de nuestras comunidades, de la ignorancia cultural que en nuestros territorios han extendido los PNV, CiU o ERC de turno, de la represión ejercida en nuestra tierra por los comisarios políticos, culturales y económicos del nacionalismo en el poder y, en fin, del clima de cerrazón moral que imponen quienes siguen siendo antes deudores de un presunto pueblo que orgullosos ciudadanos de la libertad.
La “nación de naciones” del Partido Socialista Obrero ¿Español? y de José Luis Rodríguez Zapatero es una inmensa majadería no solamente porque es una antítesis absurda sino porque, además, donde menos nación, en el sentido decimonónico de la palabra, hoy hay es en el término España. A la ignorante e intransigente progresía española le molesta mucho, y con razón, el orgullo patriotero, la prepotencia étnica, la batalla de la banderas, el militarismo que supuran la mayoría de los himnos y el tufillo claustrofóbico que se desprende de los grandes discursos vernáculos, pero, al parecer, a la izquierda solamente le incomoda este clima cuando es la derecha quien lo provoca. Si los salvapatrias, los abanderados, los racistas, los patrioteros o los separatistas son los nacionalistas del PNV, de CiU, de ERC o de Batasuna, la cosa cambia y todo puede y debe ser aceptado.
Para quienes intentamos escapar de la amenaza de los reinos taifa, España, como territorio democrático común, con una enriquecedora y abierta tradición cultural, sólidamente implantada en el marco internacional, con una democracia consolidada, y abierta a los ciudadanos de cada una de sus regiones y de un sinfín de países, significa nuestra tierra de promisión y es, hoy en día, el gran país, de tolerancia y de civilidad, de los españoles que nos consideramos no nacionalistas.

Decálogo emprendedor

Apelando a mi experiencia como consultor de empresas, me solicitan de una publicación la elaboración de un decálogo de recomendaciones para todo aquella persona que desee emprender una proyecto empresarial. Adjunto aquí el trabajo que he redactado.
Decálogo emprendedor
- Es necesario que el emprendedor crea en el producto o en el servicio, y que sepa cómo hacerlo. Es necesario conocer a fondo la actividad en la que el emprendedor va a implicar su iniciativa empresarial.
- Hay que olvidarse de la improvisación y de la imprevisión. El rigor ha de ser la principal característica del trabajo emprendedor. Toda decisión que se tome ha de ser meditada y contrastada.
- El Plan de Negocio es la herramienta más eficaz para una persona emprendedora. Durante los primeros meses de funcionamiento de la iniciativa empresarial, se recomienda ser lo más fiel posible al mismo.
- Los objetivos de la nueva empresa siempre han de ser concretos y medibles. Sean éstos humildes o ambiciosos, pero han de ser claros.
- Cualquier proyecto emprendedor que se desee poner en marcha ha de tener comprometida, al menos, la financiación del primer año de actividad de la iniciativa.
- Es preciso conseguir, desde los primeros pasos de la iniciativa empresarial, que las personas de la empresa se sientan parte fundamental de la compañía y que se sientan identificadas en sus objetivos. Así será mucho más factible el éxito del proyecto empresarial.
- Resulta imprescindible tener una visión largoplazista del mundo de la empresa y de la economía. Toda iniciativa empresarial que quiera ser sólida y asentarse con éxito en los mercados ha de cimentarse sobre un desarrollo paulatino y sobre un plan de negocio bien estructurado que prime el asentamiento inicial de la empresa a la posible obtención de beneficios. El éxito es fruto del desarrollo lento, firme y controlado.
- La innovación es consustancial al emprendedor y, por ello, alumbrar nuevas ideas, nuevos proyectos, nuevas formas de organización o nuevas formas de gestión ha de ser un objetivo fundamental de todo emprendedor/a. Fuentes que alimentan la innovación: las nuevas oportunidades de negocio, la necesidad de acometer nuevas iniciativas dentro de la empresa, la urgencia por adaptarse al cambio y la gestión de los nuevos conocimientos.
- El conocimiento es clave para el éxito de cualquier iniciativa emprendedora. Nos encontramos en un tiempo en el que las nuevas formas de producción, las redes universales de comunicación, la revolución tecnológica y la universalidad de los mercados, han convertido la gestión del conocimiento en la principal herramienta competitiva de que disponen los individuos y las empresas. Para potenciar el conocimiento resulta imprescindible contar con personas que aporten valor cognitivo a las organizaciones y poner en marcha, dentro de la empresa, las herramientas necesarias de formación capaces de ser inmediatamente aplicadas a la realidad económica.
- Tener la máxima resistencia al fracaso es clave para cualquier persona emprendedora. Unos pocos triunfan al primer intento, algunos más lo hacen tras varias iniciativas y los más alcanzan el éxito tras probar con varios desarrollos.
- Hay que tener siempre presente el espíritu de la época, y tener permanentemente abiertos los sentidos a las nuevas tendencias, ideas, movimientos y características que van dibujando el mundo. Como consecuencia, esto obliga a estar permanentemente preparado para el cambio, manteniéndose siempre informado del entorno socio-económico, la competencia, las corrientes ideológico culturales, los nuevos conceptos y los incipientes escenarios sociales. Solamente de esta manera será posible adelantarse a los sucesivos acontecimientos que vayan deparando los mercados.
- Hay que ser consciente de que poner en marcha un proyecto emprendedor es, además de una herramienta privilegiada para intervenir en el mundo socio-económico a través de la creación de riqueza y empleo, una de las mayores oportunidades de realización individual que una persona tiene a su alcance
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Lo más peligroso de la Antártida es el viento (Entrevista con Josefina Castellví)

Revisando papeles antiguos, me encuentro con esta entrevista que realicé en su momento a Josefina Castellví, única mujer que ha dirigido una base científica en la Antártida. La científica española narra en la conversación cómo es la vida en uno de los lugares más inhóspitos del planeta. La reproduzco aquí porque cree que tiene interés y porque todo lo relacionado con el gran continente blanco me resulta de la máxima relevancia.

Josefina Castellví: “Lo más peligroso de la Antártida es el viento”

Profesora de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), doctora en Ciencias Biológicas y experta oceanógrafa, Josefina Castellví fue una de las personas que más impulsó la construcción de la base Juan Carlos I que España tiene instalada en la Antártida. Además de convertirse en una de las principales dinamizadoras de este proyecto, Josefina Castellví también ha sido, durante varios años, jefa del mismo, hecho que convierte a esta especialista en la única mujer que ha dirigido una estación científica en el gran continente helado.
Al recordar su experiencia entre los hielos del sur, historia que tiene recogida en un libro titulado “Yo viví en la Antártida: los primeros españoles en el continente blanco” (Ed. Galaxia Gutenberg y Ed. Círculo de Lectores), Josefina Castellví señala que los meses pasados en aquella tierra austral “han sido los que más me han enseñado en mi vida” y explica que, sobre todo, su presencia en el polo meridional le ha enseñado “la importancia de las cosas pequeñas y sencillas”.
- La primera pregunta es obligada: ¿Cómo se vive en la Antártida?
- Lo primero que hay que señalar es que, en la Antártida, lo que determina la vida es la meteorología. Hay que tener en cuenta que allí solamente podemos permanecer tres meses, los que corresponden al verano de la región, y, por ello, vives un poco con la presión de tener que terminar el trabajo científico que tienes previsto para ese plazo temporal. Pero, en ocasiones, las condiciones ambientales, el frío o la nieve, te impiden desarrollar incluso hasta las tareas más comunes y, por lo tanto, se ha de aprovechar cualquier resquicio de buen tiempo para trabajar. Teniendo en cuenta que la vida cotidiana allí siempre está sometida a estas influencias de la climatología, hay que señalar que, por lo demás, la base antártica española es pequeña y confortable. Tiene cabida para doce personas, entre científicos y técnicos, y la verdad es que, sin éstos últimos, sería imposible hacer nada allí. Ellos proveen la energía, se encargan de que el agua llegue a los grifos y hacen posible que funcionen los complicados equipos tecnológicos que necesitan los científicos para sus experimentos.
- ¿Qué elemento climatológico es el que provoca más dificultades en la Antártida?
- Fundamentalmente, el viento. El frío, el hielo y la nieve siempre están presentes allí, incluso en verano. Pero, lo que realmente determina que puedas salir o no de la base, es el viento. El viento antártico es inclemente, te roba las calorías. A modo de ejemplo, está comprobado que si alguien se cae de un barco en cualquier zona de la Antártida en un día duro de viento frío, el tiempo de supervivencia en el agua nunca es superior a 90 segundos.
- ¿Qué elemento debe tener en cuenta siempre el máximo responsable de una base antártica?
- Fundamentalmente, no dejar hacer cuando no esté garantizada la seguridad. En ocasiones, las personas, por querer terminar un trabajo o por finalizar un experimento, no ven los riesgos y es tarea del supervisor estar atento a estas imprudencias. En la Antártida te la juegas y, por ello, siempre hay que ser muy cauteloso. Yo, personalmente, recuerdo que, cuando estaba allí, todos los días pensaba lo mismo. “Qué bien, hoy no hemos tenido ningún accidente; ya veremos mañana”.
- ¿Qué tipo de investigaciones se llevan a cabo en la Antártida?
- Es importante decir que no existe una investigación antártica, sino que existen tareas de investigación que se llevan a cabo en la Antártida. Por las particularidades de este espacio geográfico, allí se desarrollan, sobre todo, trabajos relacionados con la geología, la geofísica, la meteorología y la zoología. En nuestro caso, y como muchas de las personas que estamos en la base Juan Carlos I somos oceanógrafos, también llevamos investigaciones relacionadas con el mar y las corrientes marinas.
- ¿Por qué la Antártida es tan interesante para los científicos de todo el mundo?
- Es un lugar único en el planeta. Para los biólogos es un reto descubrir cómo pervive la vida en un medio tan hostil. Para los zoólogos, por ejemplo, resulta excepcional el crecimiento de los pingüinos, ya que es el más claro ejemplo que tenemos de cómo la naturaleza selecciona a los individuos más fuertes. Para los geólogos supone un lugar fascinante porque todo lo que ha ocurrido en la historia de la Tierra se encuentra inscrito entre los hielos de la Antártida. En definitiva, los más variados especialistas pueden hallar muchísimos motivos de estudio en este continente blanco, virgen y maravilloso.
- Los intereses internacionales, políticos, estratégicos o económicos, ¿pueden poner en peligro el cuidado y la conservación de la Antártida?
- Yo diría que no. Para mí, la situación actual de la Antártida es una satisfacción. Creo que es la primera vez que la humanidad comparte un espacio geográfico dedicado exclusivamente a la ciencia, tal y como se señala en el Tratado Antártico firmado por doce países en 1959. Además, en 1983, el Protocolo de Madrid añadió al Tratado un firme propósito de conservar la Antártida. Para mí, este continente podría ser un ejemplo bastante bonito de lo que sería un planeta Tierra en el que todo el mundo se ayudase y donde no existieran los conflictos bélicos. Lamentablemente, cuando abandonas la Antártida, todo vuelve a complicarse.
- Desde un punto de vista más personal, ¿qué le ha enseñado la Antártida a Josefina Castellví?
- Me ha enseñado solidaridad. Pero, sobre todo, me ha enseñado a valorar las cosas en su justa medida. La Antártida es un lugar donde un generador eléctrico equivale a sobrevivir y donde el agua corriente es un lujo. Y, desde luego, esto te ayuda a comprender el valor real, genuino y auténtico de la vida.

Ana María Matute

Hace algunos años tuve que entrevistar urgentemente a la escritora Ana María Matute para una publicación de la que por aquel entonces yo era el responsable de contenidos. Recuerdo que llegué azorado, muy agobiado por la prisa, al Hotel de Londres de San Sebastián, donde habíamos concertado la cita, y me encontré con una mujer venerable, tranquila y permanentemente sonriente que me contemplaba con la ironía suave de quien a lo largo de los años ha aprendido el auténtico valor del tiempo.
Me tendió una mano bella y extrañamente firme y, antes de que se pusiera en marcha la grabadora, comentamos, ella especialmente divertida, las cuestiones frívolas de rigor. Luego, cuando ya comenzamos la entrevista, Ana María Matute me habló con delicadeza y detenimiento de su pasado, de su familia, de algunos de sus sueños y de varias de sus desesperanzas, pero, sobre todo, me habló de que la fantasía, la imaginación, el ensueño y la utopía habían sido, y continuaban siendo, los grandes referentes de su vida. Conversamos sobre la escritura, de los momentos intensos y de los esfuerzos arduos que proporciona la creación y del mucho trabajo, aunque fascinante, que le había costado escribir su novela, gran novela, “Olvidado Rey Gudú”, que entonces estaba presentando con una elegancia exquisita y una honestidad que resulta poco habitual entre los escritores del momento.
A lo largo de nuestra plática, las referencias a diferentes capítulos y apartados de “Olvidado Rey Gudú” iban sucediéndose y yo comencé a sentirme cada vez más incómodo porque, a pesar de mis esfuerzos, no había leído el libro del que tanto estábamos hablando. Cuando hago una entrevista siempre me esfuerzo por conocer al máximo el trabajo de la persona con la que voy a hablar, pero en aquella ocasión, y por las eternas razones de premura en las que tanto nos amparamos los periodistas para justificar nuestros desaguisados, me había resultado imposible ni tan siquiera repasar brevemente alguna de las páginas del texto.
Desde un primer momento, Ana María Matute se dio cuanta de la situación y, con mucha habilidad y una gentileza que quien esto escribe apenas merecía, antes de realizar cualquier interpretación de alguno de los capítulos de su libro hacía el esfuerzo de resumírmelo previamente. La entrevista resultó muy interesante, básicamente, porque Ana María Matute, además de ser una gran escritora a la que no se ha reconocido todo su mérito porque muchas de sus obras se encuadran en el desprestigiado género fantástico, es, sobre todo, una gran conversadora y mujer sabia que conoce el auténtico valor de las cosas pequeñas y que entiende la importancia justa, generalmente escasa, que tienen los aspectos más banales del mundo literario.
Hoy he recordado esta anécdota de Ana María Matute porque no veo en los medios de comunicación otra cosa que artistas y creadores que, hablando de los temas más variopintos, siempre disertan sobre lo único que les interesa: ellos mismos.
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Decálogo por la paz y la libertad en el País Vasco

Algunas cosas que el Gobierno vasco, encabezado por el lehendakari Juan José Ibarretxe, puede hacer (y no hace) para consolidar la paz y la libertad en el País Vasco:

- Impulsar la detención de los etarras y contribuir a limpiar las calles vascas de quienes, amparados en la alegalidad más absoluta, forman parte de la organización terrorista y atentan contra la integridad física o las propiedades de los ciudadanos vascos no nacionalistas.

- Rendir tributo a las víctimas del terrorismo, ayudarlas en sus necesidades materiales, reconocer públicamente su dolor y convertirlas en el eje de la urgente regeneración moral que debe emprender la sociedad vasca. Promover el regreso al País Vasco de los miles de ciudadanos no nacionalistas que han tenido que abandonar Euskadi por las amenazas y las coacciones de la banda terrorista ETA y de sus colaboradores.

- Promover actos de homenaje a las víctimas del terrorismo en todos los municipios del País Vasco, honrando la memoria de los centenares de personas asesinadas por la banda terrorista ETA, colaborando en la recuperación de la memoria histórica de éstas y ayudando a sus familiares a colmar su necesidad de justicia.

- Actuar políticamente para que los terroristas de ETA, presos o en libertad, sean declarados personas “non gratas” y sean expulsados de Euskadi. Por respeto a sus víctimas y como forma de asegurar la convivencia en una sociedad que durante treinta años ha sido violentamente castigada por quienes ahora siguen siendo homenajeados, vitoreados, alabados y respetados por las instituciones controladas desde los ámbitos nacionalistas.

- Trabajar firmemente para que ningún delito de terrorismo quede en la impunidad.

- Promover la regeneración democrática de la sociedad vasca, especialmente en el ámbito educativo. Más de treinta años de terrorismo nacionalfascista de ETA han provocado que prácticamente tres generaciones de ciudadanos vascos hayan crecido contemplando cómo el asesinato indiscriminado, el secuestro, la extorsión, las amenazas y las algaradas callejeras se han considerado desde los ámbitos nacionalistas como una forma “errada pero comprensible” de actividad política. La sociedad vasca vive en un estado prepolítico, premoderno y convulso desde el momento en que la banda terrorista ETA cometió su primer asesinato y la mayor parte de los ciudadanos vascos miró hacia otro lado.

- Asumir públicamente que los derechos civiles de cada uno de los ciudadanos vascos son siempre superiores a cualquier presunto derecho colectivo

- Garantizar, a través de los recursos de que disponen las instituciones autonómicas, que los ciudadanos vascos no nacionalistas puedan ejercer sin ningún impedimento, sin problemas para su integridad física o de las sus familias, sin amenazas o intimidaciones terroristas, sus derecho elemental a la libertad de expresión.

- Comprometerse a no utilizar el euskera como una herramienta de exclusión de los ciudadanos no nacionalistas y aceptar, definitivamente, que Euskadi es una comunidad bilingüe en el que conviven dos lenguas que han de contar desde las instituciones autonómicas con el mismo trato y respeto. Corolario: Aceptar y comprender que la cultura vasca está formada por aquellos productos literarios o audiovisuales que nacen en Euskadi, independientemente del idioma en que éstos se expresen. Cultura vasca no es sinónimo de producto cultural “hecho” en euskera.

- Promulgar en la sociedad vasca una auténtica cultura de la paz y de la libertad: instruyendo en la tolerancia y en el respeto a los que piensan de una forma diferente; educando en la bondad de la reflexión intelectual en contraposición a la enseñanza en la urgencia del grito nacional e, instruyendo en que las instituciones son la cara visible, y por lo tanto más respetable, de los valores de democracia, libertad y justicia que constituyen las esencia de cualquier país democrático.
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P. D. James

Cada cierto tiempo leo una novela de la octogenaria escritora británica P. D. James. Intento ordenar mis lecturas acorde a su publicación, aproximadamente cada dos años, pero cuando el ritmo narrativo de la creadora del gran detective poeta Adam Dalgliesh se hace demasiado cadencioso no tengo ningún reparo en volver a leer algunas de sus mejores obras.
P. D. James es uno de los pilares fundamentales en la renovación de la novela negra que se produce en los países anglosajones, y también en otros lugares como España, a partir del último cuarto del pasado siglo XX. Heredera en muchos aspectos de la gran Agatha Christie, P. D. James, a sus 85 años de edad, es autora de casi una veintena de historias en las que a la trama criminal se le une una gran capacidad por parte de la escritora para profundizar en sus personajes, para describir sus típicos escenarios londinenses, para presentar al lector complejas situaciones vitales con una veracidad muy poco habitual y, sobre todo, para plantear dilemas éticos que los protagonistas de sus relatos siempre resuelven con el convencimiento de que la verdad y la justicia no son siempre la misma cosa.
En los libros de P. D. James los personajes se mueven por impulsos coherentes, por razones de peso y por estímulos convincentes. No hay lugar en estas historias para actores planos y lacios que solamente actúan como figurines para adornar la trama: los protagonistas de novelas magníficas como “Intrigas o deseos”, “Mortaja para un ruiseñor” o “Sabor a muerte”, por citar solamente algunos de sus mejores títulos, son hombres y mujeres que se mueven en el territorio difuso, y cada vez más extenso, que separa el bien del mal y lo tolerable de lo inaceptable. En este sentido, si hay alguien que siempre triunfa en las novelas de P. D. James es el sistema institucional global que sitúa a la sociedad inglesa en particular, y a la sociedad occidental en general, en el liderazgo del mundo. Adam Dalgliesh, que como otros detectives de papel ha pasado ya al olimpo de los grandes personajes literarios, es el representante de este complejo y riquísimo sistema institucional, de este conjunto de normas, leyes, costumbres, hábitos y rutinas que es perfectamente reflejado por la autora y que, además, no escapa a la ironía, la mordacidad y la crítica de ésta.
En las novelas de P. D. James, los crímenes siembran el horror donde habitualmente reina la belleza serena de la cotidianeidad y rompen de una forma radical el ordenamiento natural de las cosas, pero esta quiebra es narrada con la elegancia y la distinción de quienes saben que, cuando llegue el momento de recomponer la maltrecha normalidad, cosa de la que Adam Dalgliesh se encargará con esmero y tesón, casi siempre habrá de haber un pequeño espacio para la compasión, la piedad y la esperanza.

Northworld: una ciudad en un sueño

Hoy he soñado con una ciudad que no existe.
En mi fantasía, llegué a ella en medio de una ventisca colosal, conduciendo un coche desvencijado por pistas montañosas y de hielo, y aterido de frío y harto de nocturnidad. Entré en la urbe y me encontré con una capital moderna, llena de vida, con elegantes cafés y niños paseando por la calle. Seguía haciendo frío, todo estaba nevado y recuerdo que, en mi ilusión, pensé que, a pesar de estar a miles de kilómetros de mi tierra, en todos los lugares del mundo la mayoría de las personas desea hacer lo mismo: vivir dignamente, construir una familia, ofrecer lo mejor a sus hijos, llevar adelante sus proyecto y disfrutar de las cosas pequeñas de la vida. En mi dormir, tuve la sensación de que las personas que habitaban aquel lugar tenían muy presente que, en el fondo, lo mejor y lo más importante de la existencia siempre se encuentra en el arco que abarcan nuestro brazos y que, frente a los fanáticos, los integristas y los reaccionarios que en todo momento pretenden dictarnos lo que debemos comer, beber, hacer, pensar o creer, la mejor respuesta es ejercer plenamente nuestra libertad individual. Vi claramente el nombre de la localidad en un gran cartel indicador digno ejemplo de la estética publicitaria de los años cincuenta del pasado siglo. Se llamaba Northworld y, cuando fui a preguntar a una mujer en qué lugar del mundo me encontraba, me desperté.
En Google no hay referencias.
¿Puede alguien ayudarme?

ADN para conocer nuestros orígenes

Hay una barandilla cultural que nos enlaza con lo mejor y lo peor de nuestros antepasados.
Ciertamente, todos somos más hijos de nuestra época que de nuestros padres pero no por ello, o precisamente por ello, tenemos una urgente necesidad de conocer nuestro lugar de origen, el comienzo de nuestra estirpe, el momento primal en el que dio sus primeros pasos nuestra línea evolutiva.
Una de las enfermedades más nefastas de nuestra sociedad es la de no escuchar ni prestar la suficiente atención a las personas de más edad. A veces, ni tan siquiera las vemos. Pero, curiosamente, muchos ciudadanos sí que demuestran un gran interés por conocer quiénes fueron sus tatarabuelos, por el color de la piel de sus antecesores más lejanos, por los orígenes geográficos de sus ascendentes o por identificar su linaje primal. Hasta hace unas décadas, la gente se conformaba con encargar a determinadas compañías completos árboles genealógicos que, en el mejor de los casos, se remontaban en una saga familiar hasta la Edad Media. Hoy, los mecanismos para diseccionar nuestros principios se han sofisticado y han comenzado a proliferar, principalmente en Estados Unidos, empresas especializadas en análisis de ADN que están teniendo espléndidas cuentas de resultados con las solicitudes de personas que quieren conocer cuál fue el umbral de su aparición en la tierra y que quieren identificar a algunos de sus precursores más antiguos.
Hace 70.000 años, los primeros homínidos que evolucionaron en África emigraron en cuatro corrientes principales a Asia, Australia y las islas del Pacífico, posteriormente a Europa y finalmente al continente americano. A estas corrientes se las denomina linajes, y de éstos hay cuatro principales: africano, americano, europeo y asiático oriental. Las organizaciones especializadas en descubrir a nuestros ancestros a través del ADN aseguran poder descubrir a qué linaje pertenecemos cada uno de nosotros. Y miles de personas se han gastado ya 200 euros (250 dólares) en conocerlo.
Ciertamente, vivimos en un tiempo que solamente es presente constante y acelerado, y en el que la memoria histórica se ha convertido en una antigualla. Pero, curiosamente, todo queremos conectar con nuestros más remotos antecedentes.
Quizás, porque, en la soledad del caos, necesitamos pertenecer a algo.

piensaspiensarecordrecordsgrabaractivismoantisemitismo construccionviolenciasteatroscorrectovisibledictadura musicalterroristastelevisivoeconomiastraficotrollstortura solidaridadreligionessectasfrancmasonerialaicismo politicodemocraticoCamino del Cid

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Francia, La France

Tengo para mí que Francia, lugar de nacimiento de la Ilustración, tierra donde la razón conquistó sus primeras victorias en su guerra secular contra el fanatismo y nación de culto laico que tiene por capital a la sin igual París, apostó por caminar hacia el desastre desde el momento primal en el que buena parte de sus ciudadanos, todavía sumidos en las profundidades de la izquierda estalinista de hace varias décadas, elevó a los altares a un terrorista como José Bové, inspirador del atentado contra un Mcdonalds en el que murió una empleada y resultaron heridas varias personas más.
Personajes como este individuo que se ha labrado una leyenda entre la progresía francesa (y europea, todo hay que decirlo), gracias a su defensa férrea de una agricultura medieval y a través de su lucha implacable contra la “invasión cultural norteamericana” simbolizada por las hamburguesas y los perritos calientes que tan bien vendió Andy Warhol, son los que, en buena parte, han llevado al país que durante siglos ha sido adalid de las libertades individuales y de la civilidad entre los pueblos ha convertirse en una caricatura de sí mismo.
Hace algunas décadas, Francia exportaba filósofos, era faro de arquitectos, se lucía como inalcanzable reina de la moda, lideraba las discusiones culturales que se propagaban por el mundo y, sobre todo, era el referente indiscutible de todas aquellas personas que en cualquier lugar del planeta apostaban por la libertad, la creación, la cultura y la belleza. En poco más de medio siglo, la dulce Francia de Monet, de los surrealistas, de Camus, de Sartre, de los cafés y de las mejores universidades del mundo ha pasado a ser el país del no rotundo a la Unión Europea, el lugar donde unos sindicatos todopoderosos y aburguesados son capaces de echar abajo una ley que promueve la contratación de los ciudadanos más jóvenes y el territorio decadente en el que algunas de las instituciones democráticas más antiguas del mundo no son capaces de atajar las corrientes islámicas integristas y fanáticas que han nacido en sus periferias más abandonadas.
Para quienes nos consideramos hijos de la cultura francesa, para quienes siempre reconoceremos algo nuestro en los existencialistas, en la chanson, en “Le Nouvel Observateur”, en las escaleras de un Montmartre invernal o en las avenidas del centro de París que son, sin lugar a dudas, las calles más fascinantes del mundo, mirar a la Francia actual es como observar, detenidamente y paso a paso, el deterioro físico e intelectual de una persona a la que siempre hemos amado. Entre una izquierda claramente reaccionaria y rentista y una derecha instalada en la desorientación, la confusión, el anquilosamiento y la corrupción, la Francia que quisimos se desvanece ante nosotros sin que apenas podamos evitarlo. Y ya ni tan siquiera sabemos si siempre nos quedará París.
Nota: Muy recomendable un reciente artículo de Félix de Azúa sobre este tema. Para leerlo, clicar aquí.

Sobre poner puertas… a Ia Red

Por su interés, su brevedad y la contundencia de sus afirmaciones, y aunque se aleja un poco de los temas que habitualmente trato en esta página, reproduzco este post del Blog de Enrique Dans que, dicho sea de paso, es una referencia indiscutible y de calidad en todo tipo de informaciones sobre Internet y las nuevas tecnologías. Me parece esencial que se protejan los derechos de los creadores audiovisuales y de los autores de textos literarios, pero, principalmente, me parece fundamental que se respete al consumidor y no se trate, por defecto, a los ciudadanos como delincuentes. De cualquier forma, y por encima de todo, lo que me parece adecuado es que se cumpla las leyes que, en los países democráticos, están creadas para protegernos.

Por todo ello, recuerden:

(Comienza la cita del Blog de Enrique Dans, que a su vez ha sido recogida de Alt1040, “La operación ‘Descargas en la Red’ en España es sólo FUD“)

- Descargar y compartir música (sin fines de lucro) no es ilegal.
- Poner enlaces a torrents o descargas en eMule no es ilegal.
- Multar a personas por compartir música es ilegal.
- Que un medio, o el representante de turno de X sociedad colectiva de autores diga que cierto acto es ilegal, ¡no lo convierte en tal! — infórmate, la ley está para protegerte.

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La banda terrorista ETA es una mafia

El presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra, José Manuel Ayesa, ha denunciado que ETA ha enviado en los últimos días cartas en las que “invita al empresario que la recibe a participar en el proceso de paz a través de una contribución económica”, según informa el Diario de Navarra.
Este hecho, además de demostrar, como venimos repitiendo constantemente en este Blog y en nuestra bitácora hermana (Blog del País Vasco), revela no solamente la poca convicción con la que la banda terrorista ETA ha tomado el camino del “alto el fuego permanente”, sino que también pone de manifiesto algo esencial a la hora de estudiar el terrorismo etarra: esta banda criminal, y los organismos paralelos que forman parte de la misma como Batasuna o Segi, es esencialmente un grupo mafioso que entre sus máximos intereses mantiene su enriquecimiento económico. El cinismo, la desvergüenza y el elevado grado de perversión moral y política que hay que tener para extorsionar a los ciudadanos exigiendo a éstos dinero “para participar en el proceso de paz” ha de servir como claro indicativo para que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y su grupo de expertos entienda de una vez por todas cuál es el auténtico talante de la banda con la que quiere negociar algunos de los fundamentos básicos que cimientan la convivencia en Euskadi y que forman parte esencial del Estado español.
Por otro lado, este comportamiento de los asesinos, que a quienes llevamos padeciendo la realidad socio-política vasca desde hace más años de los que somos capaces de recordar no nos ha sorprendido en absoluto, marca la tendencia de la que puede ser la evolución de los criminales: pasar de cometer asesinatos y quebrantamientos revestidos con tintes “políticos” a ejecutar agresiones y acciones violentas que sean, sencillamente, actos de delincuencia común.
El terrorismo etarra, con más de treinta años de vigencia, ha dado luz al enriquecimiento de no pocos sinvergüenzas en el filo de la legalidad pero, además, ha creado un colectivo de delincuentes a los que “el alto el fuego permanente” lleva directamente a las listas del paro y que, muy probablemente, no van a aceptar su suerte sin hacer lo único que saben hacer: causar daño, provocar dolor, convulsionar a la sociedad y aterrorizar a los demócratas.
Las cartas de extorsión ahora denunciadas por los empresarios navarros es solo un síntoma de lo que puede ocurrir en un futuro próximo. Quines tanto se empeñan en comparar el “alto el fuego permanente” etarra con el proceso por el que el IRA abandonó la actividad terrorista han de tener en cuenta qué es lo que son y en qué se han convertido ahora los miembros que quedan del IRA: burdos delincuentes camorristas que no cesan de llevar a cabo sus prácticas mafiosas en Irlanda del Norte.

Arnaldo el Bravucón, o de cómo los asesinos se han convertido en claves para la paz en Euskadi

Las sucesivas fanfarronadas de Arnaldo Otegui declarando el pasado lunes ante el juez tienen su justificación. Hay que tener en cuenta que la primera consecuencia de la declaración del “alto el fuego permanente” realizada por la banda terrorista ETA, de la que el portavoz de la ilegalizada Batasuna fue miembro destacado, ha sido que los criminales han pasado a ser considerados por la opinión pública como menos criminales y que las víctimas de éstos tienen que esconderse porque es ya un lema machaconamente repetido por políticos, intelectuales y expertos que las víctimas de los atentados terroristas “no tienen que tener ninguna influencia en el ámbito político”.
Solamente por haber alcanzado esta posición en apenas unas semanas, Otegui ya tendría razones para lanzar sus bravatas. Pero es que, además, una gran mayoría de la izquierda política de este país (incluyendo a la mayor parte de los militantes del Partido Socialista en el Gobierno) y la práctica totalidad de los diferentes partidos nacionalistas de los distintos reinos taifas en los que se ha convertido España, están tan encantados con la tregua provisional de los terroristas que, incluso, muestran más entusiasmo por la misma que los propios criminales. Es decir, resulta obvio que la socialista vasca Gema Zabaleta confía más en el fin de la violencia de ETA que Jone Goirizelaia, abogada de los terroristas; parece claro también que, por ejemplo, el propio Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, está tan convencido del fin de la barbarie etarra que ya no tiene vergüenza en admitir, no solamente que está pensando en el acercamiento de los terroristas presos a sus lugares de origen, sino que, además, no disimula que habrá medidas de gracia para muchos de estos asesinos; por otro lado, la molicie, la blandura y la desgana con la que el Ejecutivo socialista parece mantener la ilegalización de Batasuna (organización que, no hay olvidarlo, según el juez Baltasar Garzón es ETA), parece transmitir el mensaje de que no se encuentra lejana la vuelta a la legalidad de los voceros de los terroristas. Por todo esto, Otegui puede extender sus piernas, cruzar los brazos detrás de la cabeza y decirle al juez que su lucha “es política”. ¿Cómo no va a serlo si el mensaje que se está transmitiendo desde las instituciones es precisamente ése?.
Por si todo esto fuera poco, Arnaldo puede permitirse lanzar sus bravuconerías porque, además, el 64% de los ciudadanos vascos considera que el “alto el fuego permanente” decretado por ETA el mes pasado demuestra que la banda tiene una “voluntad sincera” de paz, según una encuesta difundida por el Gobierno autónomo. Finalmente, y mientras todo esto ocurre apenas un mes después de la solemne declaración de los criminales, la banda terrorista vuelve a hablar y afirma no solamente que desea ser protagonista en el proceso de paz, sino que, además, considera que éste ha de pasar, además de por la habituales reclamaciones territoriales y de autodeterminación, por la amnistía total de los presos y por la expulsión de Euskadi de las fuerzas armadas y de las diferentes policías”. ¿Alguien da más?.
Efectivamente, Otegui, el exterrorista de ETA, puede permitirse ser un chulo.
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Humor frente al fanatismo islamista

La supremacía de la civilización occidental frente al Islam consiste, básicamente, en que mientras que resulta imposible abrir una iglesia cristiana en Arabia Saudí sí que resulta relativamente sencillo inaugurar una mezquita en cualquier país de Europa o en Estados Unidos.
Como ven, y por mucho que insistan los relativistas culturales que tanto aprecian las libertades propias y tan poco las de los demás, sí que hay maneras muy sencillas de entender qué es lo que nos diferencia de los fanáticos y de los integristas islámicos o de cualquiera otra especie. Mis amigos homosexuales del post anterior pueden vivir juntos en cualquier país occidental mientras que son perseguidos y torturados incluso en los países árabes más abiertos como Egipto o Jordania; cualquier mujer, tenga los orígenes que tenga, puede pasearse por nuestras calles en absoluta libertad, mientras que mi esposa, para visitar morábitos en ciudades como Aman, Damasco o El Cairo, ha tenido que entrar por puertas diferentes y utilizar obligatoriamente prendas que ocultaban su cuerpo; actualmente, la MTV está emitiendo en Alemania una serie de dibujos animados que presenta a un Papa que está absolutamente loco, mientras que los islamistas más retrógrados, integristas y fundamentalistas llaman a la Guerra Santa y al asesinato por unas caricaturas que, con mayor o menor acierto, representan, simplemente, al profeta Mahoma.
Deseo que mi hijo viva en una sociedad plural, democrática y libre que no ceda ni un ápice en sus conquistas con respecto a los derechos humanos y, sobre todo, que no trate de recortar los derechos civiles en aras de halagar o de “respetar” a ideologías, doctrinas o creencias que abogan por la eliminación, tanto física como intelectual, de todas aquellas personas que no acatan sus ridículos ordenamientos.
¿Alianza de civilizaciones?. Personalmente, y a estas alturas de la historia de la humanidad, no puede haber ningún proceso civilizador que no se asiente sobre el máximo respeto a las libertades individuales de todas y cada una de las personas que conforman nuestras sociedades. Guste a quien guste y ofenda a quien ofenda, es una realidad que, en la actualidad, esta consideración hacia los derechos civiles de todos los ciudadanos solamente existe en Europa y en Estados Unidos, y en aquellos otros países que han tomado a Occidente como modelo de desarrollo y de convivencia.

Reflexión de boda

Dos de mis mejores amigos se casaron hace unos días y tuvieron una jornada feliz. Quienes asistimos a su unión disfrutamos de su alegría, compartimos con ellos unas horas que nunca olvidarán y, como en otras ocasiones, sentimos que, de vez en cuando, es necesario festejar civilmente hechos así, la alianza de dos personas que se quieren, el nacimiento de un niño, el reencuentro de quienes han permanecido demasiado tiempo separados… Se trata, en esencia, de celebrar las cosas pequeñas de la vida, de encomiar esos pequeños momentos que nos unen a esas personas que siempre están a nuestro lado y que, independientemente del tiempo que haya transcurrido, sabemos que comparten con nosotros muchos de nuestros anhelos, de nuestras preocupaciones, de nuestras ilusiones y de nuestras inquietudes. Sobre algunas de estas cosas pensaba mientras veía a mis amigos ante la juez que hacía oficial su enlace y que leía con detalle los obligados preceptos del código civil.
Mis amigos son homosexuales y yo también pensaba en cómo el ejercicio del poder o la práctica política democrática puede utilizarse, muy positivamente, para influir en los aspectos más básicos de la vida cotidiana de los ciudadanos.

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Ayaan Hirsi Ali

Impagable la entrevista en XL Semanal, el suplemento dominical de los periódicos del Grupo Vocento, con la parlamentaria holandesa, de origen somalí, Ayaan Hirsi Ali. Rodeada de guardaespaldas desde que fanáticos islámicos asesinaran a su compañero el cineasta Theo Van Gogh, esta mujer somalí de 36 años, absolutamente comprometida en la defensa de los derechos humanos de los musulmanes, con una solidez ética poco corriente en los tiempos que corren y con una capacidad extraordinaria para expresar con claridad su mensaje de democracia y libertad frente a integristas, fanáticos y sátrapas islamistas, tiene muchas razones para poder decir “sé de lo que hablo”. Y es que trabajando como intérprete conoció de primera mano los abusos e iniquidades a los que habitualmente son sometidos las mujeres musulmanas.
Todas las palabras de esta mujer en la conversación que comentamos son dignas de destacar pero, por su rotundidad, citaría las que responden a la pregunta de por qué es “tan dura” con los partidos progresistas occidentales. Respuesta: “Es que la izquierda en Occidente tiene tendencia a culparse a sí misma y a considerar al resto del mundo como víctima. Y eso es un error. Su crítica se limita a Occidente, especialmente a Estados Unidos. En cambio, la crítica al mundo islámico se considera islamófoba y xenófoba. Lo que estos relativistas culturales no entienden es que, al mantener al margen de toda crítica a las culturas no occidentales, les condena al atraso. Lo hacen por diferentes motivos, pero ya se sabe que el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones”. Quizás, la entrevistadora, Lourdes Gómez, también debería pensar en estas palabras.
Más información en este Blog sobre el relativismo cultural, clicando aquí

Reflexión sobre el libro electrónico (e-book) y el libro tradicional

De la Universidad Estadual Paulista de Sao Paulo (Brasil) me piden para una de sus publicaciones un breve artículo sobre cómo veo el futuro del libro y sobre las relaciones de éste con las nuevas tecnologías. Como creo que es un tema interesante, adjunto a continuación el texto que les he enviado y que ya pueden leer directamente aquí.

Reflexión sobre el libro electrónico (e-book) y el libro tradicional
El libro de papel es uno de los grandes desarrollos tecnológicos conseguidos por la humanidad. El libro tradicional, ese conjunto de hojas de papel que encuadernadas forman un volumen, es un instrumento sencillo de utilizar, perfectamente adaptado al uso que se pretende de él, estéticamente hermoso, de fácil acceso, resistente al paso del tiempo, sencillamente transportable y que, además, no necesita energía para su funcionamiento.
Son muchas las ventajas del libro tradicional de papel, aunque este producto tecnológico, que lleva cosechando éxitos desde hace varios siglos, plantea también varios problemas importantes que, sin lugar a dudas, influirán en su futuro. Estos inconvenientes son los siguientes: un elevado coste de producción; su carácter de obra totalmente imposibilitada para modificarse y/o actualizarse; su dificultad para el almacenamiento, por el gran espacio físico que exige su acumulación; y, finalmente, su excesiva dependencia de recursos medioambientales (madera, árboles, etc.) que en la actualidad tienen un valor esencialmente estratégico para todos.
Es en estos aspectos donde las nuevas tecnologías en general, y desarrollos en particular como el libro electrónico o el papel electrónico, obtienen un protagonismo especial a la hora de definir el futuro del libro.
Si entendemos como libro electrónico toda aquella obra literaria o científica en formato digital que requiere hardware o software específico de lectura podemos rápidamente comprender que esta tecnología está en condiciones de solucionar algunos de los déficit que como hemos visto antes se asocian al libro tradicional.
La edición electrónica de un texto literario o científico, incluso cuando ésta haya de adaptarse a diferentes formatos de recepción (internet, cd-rom, e-book, pda, telefonía móvil, etc), resulta barata, su actualización o modificación es instantánea, la dificultad de su almacenaje es nula y su coste medioambiental resulta, en la práctica, igual a cero. Lo que ocurre, y lo que tanto está retrasando la entrada masiva del e-book en el mercado, es que estos desarrollos tecnológicos implican a su vez nuevos problemas para el lector y la lectura que el libro tradicional nunca había planteado a los lectores-consumidores.

Entre estas contrariedades, algunas de ellas de difícil solución, destacan las siguientes: todo libro electrónico necesita una máquina específica (hardware) para ser leído; estas máquinas, algunas de ellas con precios muy elevados, carecen de la elevada portabilidad que sí tiene el libro clásico; la facilidad y claridad de lectura con estas herramientas, al día de hoy, no es, ni de lejos, tan perfecta como en un volumen de papel correctamente impreso; estos instrumentos electrónicos necesitan energía para su funcionamiento, lo que limita las posibilidades de su uso; y, además, requiere un mantenimiento y una atención que el libro de papel no demanda.

Ante este estado de cosas, pienso que, actualmente, al libro clásico, tradicional y de papel, tal y como lo conocemos desde hace centurias, aún le quedan muchos años de vida porque, como hemos comentado al principio, es un desarrollo tecnológico modélico. Pero, dicho todo esto, también hay que hacer notar que las diferentes posibilidades que ya están ofreciendo el libro electrónico y las nuevas tecnologías pueden resultar, en casos concretos, muy interesantes como sustitutivas o complementarias del libro tradicional. Así, la capacidad de almacenar información y la rapidez de actualizar ésta que ofrece la informática está provocando la práctica desaparición de las enciclopedias de papel, sustituyéndolas por sus versiones en Internet o en cd-rom. Por otro lado, los libros estrictamente científicos pueden hallar excelentes complementos en sus versiones electrónicas, donde, por ejemplo, pueden añadir ejemplos gráficos, audiovisuales o infográficos imposibles de incluir en un volumen de papel. Además, todos aquellos libros que necesiten actualizaciones constantes y periódicas (diccionarios, almanaques, publicaciones de actualidad, etc.) también pueden encontrar excelentes complementos en sus versiones digitales. Determinadas publicaciones universitarias, complejas, muy extensas y dirigidas a unos pocos receptores, también pueden ser un buen campo de actividad para la publicación electrónica.
En esta enriquecedora convivencia del libro clásico con el electrónico, en la que se aúna lo mejor de cada uno de los dos soportes, es donde, personalmente, encuentro la clave de lo que será el futuro a corto y medio plazo del mundo del libro y de la edición.
Para terminar, permítanme una última reflexión. Por mi trabajo, desde hace varios años dispongo de libros electrónicos en diferentes formatos, y todos me resultan muy útiles, aunque, hasta el momento, en ninguno de ellos he encontrado la belleza, el placer y la satisfacción que, más allá de la lectura, produce ver, tocar, acariciar y sentir un libro de papel perfectamente encuadernado.
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Algunas reflexiones sobre el “alto el fuego permanente” decretado por la banda terrorista ETA (1º Parte)

Durante estos últimos días en diferentes ocasiones me han preguntado si estoy satisfecho con el “alto el fuego permanente” decretado por la banda terrorista ETA. A todo el mundo le respondo lo mismo: me siento tranquilizado por todas las personas que, al menos en los próximos meses, no morirán asesinadas por la espalda en días siempre golpeados por la lluvia; me encuentro tranquilo por los miles de hombres y de mujeres que en el País Vasco no tendrán que ir a esperar a sus hijos al colegio rodeados de guardaespaldas; me identifico, comprendo y siento como mía la liberación que a buen seguro habrán disfrutado todas esas personas que habrán dejado de sentir sobre sí el yugo de la amenaza, de la extorsión y del chantaje siempre presentes. Ciertamente, todo esto solamente puede ser motivo de una tenue satisfacción pero, después de treinta años de padecer el terror del asesinato indiscriminado y tras tanto tiempo de convivir con la barbarie terrorista, a algunos ciudadanos vascos la alegría y el regocijo se nos aparecen como emociones siempre obscenas que resultan profundamente anacrónicas en la sociedad enferma que habitamos.
En este sentido, el cese de los actos violentos por parte de la banda terrorista ETA no va a hacer que olvidemos la geografía sangrienta en la que para muchos de nosotros se han convertido las calles de nuestras ciudades. Conocemos cada rincón, cada esquina, cada acera y cada una de las plazas en la que los criminales mataron a sus víctimas y recordamos, porque no podemos evitar que la memoria de la infamia resuene repetidamente en nuestros corazones, cada uno de esos lugares cotidianos, cada uno de esos espacios públicos en los que uno o varios seres humanos perdieron la vida como consecuencia del fanatismo, de la crueldad y de la brutalidad esgrimida por quienes ahora parecen ser demasiado apreciados y respetados.
Más allá del contentamiento íntimo que produce saber que durante algún tiempo nadie va a ser asesinado, amenazado, chantajeado o humillado por las huestes terroristas, apenas queda lugar para la emoción. Más bien al contrario, el panorama se presenta lo suficientemente convulso y oscuro como para intuir que los tiempos de las cerezas y las primaveras políticas que muchos políticos petulantes y periodistas ignorantes creen ver en Euskadi van a dejar paso, sin tardar demasiado, a la llegada de dramáticas tormentas que el Gobierno socialista, el Ejecutivo autónomo vasco o los representantes de los partidos nacionalistas no quieren ver porque, por desconocimiento, por interés o por las dos cosas al mismo tiempo, parten de dos grandes errores a la hora de enfrentarse a ETA y a la tupida red de agrupaciones, asociaciones y formaciones que se cobijan bajo el manto tutelar de los terroristas.
Por un lado, y este sería el primer error, los que ahora tanto gustan hablar de la necesidad de dialogar, conversar, negociar y pactar con los terroristas desconocen u olvidan que estos delincuentes, que son los mismos que asesinaron a sangre fría a Miguel Ángel Blanco, los mismos que durante años han celebrado con una copa de cava cada nuevo asesinato y los mismos que durante décadas se han desgañitado demandando a los criminales más muertes y más destrucción, no tienen ninguna legitimidad ética para tratar sobre ningún tema, pero, sobre todo, carecen de cualquier fiabilidad para solidificar ningún tipo acuerdo. De la misma manera que a nadie se le ocurriría reclamar emprender pactos, acomodamientos o charlas con los asesinos de las niñas de Alcasser o con cualquiera de los bárbaros que van asesinando mendigos por las calles de nuestras ciudades, ninguna persona que tenga un mínimo de conocimiento acerca del mundo etarra o de los grupúsculos fascistas que se mueven alrededor de la banda terrorista sabe, con la certeza que proporciona lo muchas veces observado y padecido, que nada hay que pueda ser hablado o discutido con quien, para empezar, no acepta la existencia física de quien no piensa o actúa como él mismo. Los políticos, los periodistas, los analistas, los intelectuales y, en general, todas aquellas personas que se muestran tan satisfechas por el hecho de que se esté negociando “algo” con la banda terrorista ETA tendrían que explicar claramente qué es lo que hay de positivo en conversar con un asesino, en platicar con un mafioso o en parlamentar con un fascista que tiene como único objetivo la imposición a la sociedad de un ideario absolutamente demencial. Para la mayor parte de los representantes políticos socialistas y nacionalistas, y para no pocos “creadores de opinión”, Arnaldo Otegui, portavoz de la ilegalizada Batasuna, o ´Josu Ternera’, terrorista de ETA y exparlamentario de Batasuna fugado de la justicia española, son dos de los pilares fundamentales del proceso negociador que en un futuro próximo puede abrirse, si no se ha abierto ya, entre la banda terrorista ETA y el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Pues bien, Arnaldo Otegui es un exetarra que ha participado en varios secuestros llevados a cabo por la banda terrorista y que, en su momento, no dudó en disparar fríamente a las piernas de algunas de sus víctimas; José Antonio Urrutikoetxea, “Josu Ternera”, es, como también lo es su hijo, uno de los etarras más sanguinarios de los últimos años y sobre él recae la responsabilidad directa de no menos de una treintena de asesinatos. ¿Qué hay de ilusionante, de esperanzador, de tranquilizador, en entablar conversaciones con delincuentes de esta calaña?. ¿De qué se ríen quienes se muestran tan optimistas de llegar a pactos con estos malhechores?, ¿Qué tipo de acuerdos pueden alcanzarse con estos individuos?
Por otra parte, y este sería el segundo gran error que están cometiendo los muchos cantamañanas y “expertos” conocedores de la situación de Euskadi que ahora han nacido por doquier, se está dando por asentado, de una forma perversa, que la buena marcha de una presunta futura negociación entre ETA y el Gobierno dependerá de los avances políticos que hagan siempre a favor de las demandas de los criminales. Cuando desde los ámbitos políticos o periodísticos en particular, o cuando desde gran parte de la opinión pública en general, se reclama que se hagan “movimientos por todas las partes”, lo que se está exigiendo es que las instituciones del Estado dilaten al máximo sus posibilidades para otorgar a los terroristas el mayor número posible de prebendas políticas, sociales, jurídicas o policiales.
Este y no otro es el significado último que tiene el hecho de que, en principio, las conversaciones con la banda terrorista ETA se hayan diseñado, en principio, sobre dos mesas de negociación. En la primera, el Gobierno negociará directamente con los terroristas cuestiones como la entrega de armas y la progresiva liberación de los presos. En la segunda, las formaciones políticas partidarias de esta estrategia negociarían el futuro político del País Vasco siempre bajo la amenaza de que, de no cumplirse las aspiraciones de los criminales, éstos pudieran volver a lo que sin lugar a dudas saben hacer mucho mejor que dialogar: es decir, asesinar y extorsionar.
Cuando escribo esto, desconozco hasta qué punto está pactada y rubricada esta posible forma de negociación. Pero, sea como fuere, esta es una estrategia que se encuentra abocada al fracaso más cruel, ya que si algo ha quedado claro en los más de treinta años de actividad terrorista etarra es que a los criminales, o a los nacionalistas que recogen las nueces después de que los asesinos muevan los árboles, no hay ninguna concesión, ideológica, política o socioeconómica, que les resulte satisfactoria. Nada puede calmar a la serpiente. Ésta es voraz y depredadora y la única solución para acabar con ella es descabezarla utilizando las armas que jueces y cuerpos policiales ponen a disposición del Estado de derecho, es decir, al servicio de todos nosotros.
Nota: Sobre el tema que se trata en este post tengo publicado un libro, “Terrorismo y Posmodernidad” (Editorial Tilde, 2005), y también tengo editado electrónicamente en la red una amplia colección de artículos publicados previamente en la prensa escrita.
Para más información sobre el libro “Terrorismo y posmodernidad”, pueden enlazar
aquí
Para acceder a la colección electrónica de artículos, pueden enlazar aquí

La banda terrorista ETA debe abandonar las armas sin condiciones

El “alto el fuego permanente” anunciado por la banda terrorista ETA servirá para que numerosas personas de este país vivan más tranquilas, para que muchos centenares de ciudadanos no vean pisoteados sus derechos más básicos y para que en esta tierra comencemos a vivir sin el chantaje permanente de las armas y sin el aliento del miedo palpitando sobre nucas siempre inocentes. Pero, además, en una Euskadi en la que multitud de hombres y de mujeres no nacionalistas todavía sienten miedo a hablar en público y en el que el más de la mitad de los ciudadanos no se atreve a ejercer sin temor sus derechos políticos más elementales, el cese de los atentados decretado por la organización delictiva podría servir para que, de una vez por todas, fuera posible volver a reordenar una serie de valores que comenzaron a perderse en el preciso momento en el que las pistolas pasaron a convertirse, con el silencio cómplice de demasiados ciudadanos, en el principal argumento ideológico de quienes falsariamente dicen apostar por un País Vasco independiente.
Durante treinta años, los métodos bárbaros y criminales puestos en marcha por el conglomerado que orbita alrededor de la organización terrorista ETA han creado en el País Vasco una geografía extraña en la que cuestiones básicas para la convivencia civil han sido despreciadas hasta la infamia y la ignominia. Así, se ha ido conformando un desierto ético en el que el respeto a los demás, la tolerancia ideológica, el respeto institucional y la aceptación de la legalidad vigente han sido principios convivenciales despreciados por el hecho de que su consideración no ayudaba en nada, presuntamente y según palabras del propio Gobierno vasco, a la resolución del “conflicto”.
A decir de los que ya empiezan a dar síntomas de padecer un preocupante “síndrome de Estocolmo” con respecto a los terroristas, cuando ni tan siquiera ha dado comienzo el “alto el fuego permanente”, esta situación moralmente deleznable se resolverá por sí sola con el baño de política, de diálogo y de negociaciones que este país va a darse ahora que los criminales han pasado de ser una organización fascista que mataba, a ser, simplemente, un grupo fascista que provisionalmente no mata. La verdad es que sería extraordinario si así fuera, pero es muy posible que se confundan quienes entienden la ausencia más o menos duradera de actos violentos como sinónimo inmediato de paz, democracia y libertad.
En este sentido, las primeras reacciones de los nacionalistas vascos, y de no pocos socialistas, tras conocerse el anuncio etarra, no dejan demasiado lugar a la esperanza y siguen indicando que la asunción de los principios democráticos elementales por parte de los nacionalistas vascos y de los socialistas que encabezan el Gobierno continúa siendo algo pusilánime y débil. En su verborrea triunfalista, a la que se han sumado no pocos medios de comunicación, estas formaciones dejan entrever que, por el simple hecho de paralizar su actividad terrorista, la podredumbre ideológica que desprende el tándem ETA-Batasuna pasa de inmediato a tener la misma legitimidad que la autoridad que se desprende de las instituciones del Estado. A modo de ejemplo, resulta absolutamente irrespetuosa, improcedente y vergonzosa la recomendación hecha por el fiscal general Cándido Conde-Pumpido al juez Fernando Grande-Marlaska en el sentido de que “reflexione” antes de encarcelar a Arnaldo Otegi, portavoz de la ilegalizada Batasuna y uno de los presuntos actores protagonistas del “proceso de paz” que, al parecer, ya está diseñado.
Frente a quienes ahora contemplan a los etarras poco menos que arrobados por la devoción, este es el momento en el que hay que volver a recalcar muy alto y muy claro que los terroristas no pueden pretender ninguna concesión por su declaración de alto el fuego, que ningún proceso político puede ponerse en marcha bajo la amenaza de que los criminales vuelvan a matar y que el único mensaje con sentido que puede enviar la organización criminal será aquel en el que los asesinos afirmen que abandonan la armas y en el que reconozcan el daño causado a la sociedad vasca en particular, y la población española en general. Frente a quienes solamente contemplan el camino hacia la paz demandando obtusamente más patria, solicitando más concesiones al mundo violento y reclamando más sumisión a las exigencias de los terroristas, este paréntesis de tregua debería ser aprovechado para reafirmar la primacía absoluta de los mecanismos del Estado democrático en una sociedad que lleva demasiado tiempo alejada de ellos.
Así, el renacimiento civil de este país debiera establecerse sobre el compromiso unitario de que jamás se aceptará el discurso amenazante y extorsionador que emana de los comunicados en los que la banda terrorista anuncia el cese de sus actividades violentas; sobre el respeto a la opinión, a las exigencias y a las demandas de las víctimas directas la barbarie; sobre la garantía de que se cumplirá la legislación vigente; sobre el convencimiento de que el País Vasco es intensamente plural y que su organización institucional siempre debe respetar esa realidad; y, principalmente, sobre el reconocimiento explícito por parte de todos los ciudadanos y partidos políticos demócratas de que la violencia y el terrorismo jamás van a traer como consecuencia ningún cambio en el ordenamiento político de Euskadi.
La presión policial, la actividad judicial y, sobre todo, la apuesta constante por la paz de muchos ciudadanos vascos han provocado que ETA declare este “alto el fuego permanente”. Saber aprovecharla con inteligencia supone hacernos firmes en nuestra superioridad democrática, significa no ceder ante el chantaje de los criminales y, sobre todo, implica no confundirse con falsos espejismos mediáticos y seguir recordando quiénes son las víctimas, quiénes los verdugos y quiénes han estado al lado de unos y de otros a lo largo de treinta años de terror.
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